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INCLIVA y UV investigan terapias avanzadas contra el Síndrome de Dravet

El Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA, del Hospital Clínico de València ha emprendido junto con la Universitat de València (UV) una línea de investigación con la Fundación Síndrome de Dravet con el fin de potenciar el desarrollo de terapias avanzadas para esta enfermedad. Se trata de una epilepsia rara infantil de origen genético que comienza en el primer año de vida y que ocasiona graves retrasos y problemas cognitivos, motores, conductuales y del habla. Actualmente INCLIVA, entidad asociada a la AVF, tiene en marcha 79 proyectos de investigación y y más de 570 ensayos clínicos activos.

El Dr. Carlos Romá Mateo, profesor del Departamento de Fisiología de la UV y miembro del Grupo de Investigación en Fisiopatología celular y orgánica del estrés oxidativo de INCLIVA, es quien dirige esta nueva colaboración. Romá es, además, el investigador principal de la línea de investigación sobre la epilepsia de Lafora, desarrollada en INCLIVA y el CIBERER durante los últimos años, en estrecha colaboración con el grupo del Dr. Pascual Sanz en el IBV-CSIC y el CIBERER, con el objetivo de comprender mejor esta enfermedad rara y encontrar nuevas dianas terapéuticas para avanzar en la medicina de precisión, ofreciendo un tratamiento personalizado, adaptado a cada paciente. La epilepsia mioclónica progresiva de tipo Lafora es una enfermedad neurodegenerativa de rápida progresión, para la que actualmente no existe cura.

La colaboración con la Fundación Síndrome de Dravet deriva de los estudios previos realizados por el citado grupo de investigación de INCLIVA sobre la enfermedad de Lafora, con la que el síndrome de Dravet comparte algunos rasgos a nivel molecular y podría llegar a ofrecer nuevos datos científicos que ayuden a comprender mejor el desarrollo de la enfermedad y orientar hacia nuevas estrategias terapéuticas.

La epilepsia, una enfermedad del sistema nervioso central

La epilepsia se produce cuando existe una descoordinación en la comunicación entre las células nerviosas, que da lugar a fenómenos de excitación descontrolados que se manifiestan de muy diversas formas, siendo la más conocida la generación de contracciones y espasmos musculares involuntarios. Sin embargo, existen muy diversas formas de fenómenos epilépticos que pueden ir desde alteraciones de la conectividad neuronal que se reflejan en alteraciones de las ondas cerebrales durante el sueño, únicamente registrables mediante electroencefalografía, hasta crisis convulsivas generalizadas de gran gravedad y fatales consecuencias.

En el caso de la epilepsia de Lafora, las crisis van acompañadas de síntomas neurológicos como alucinaciones y desmayos, pérdida de la capacidad del habla y/o del control motor y un deterioro progresivo e irreversible que conduce a la muerte de los pacientes en apenas diez años desde el inicio de los síntomas, durante la infancia tardía o adolescencia.

En el caso del síndrome de Dravet, la mortalidad prematura se sitúa en torno al 15% y, aunque algunos sean compartidos por la mayoría de los pacientes, existe un abanico más diverso de síntomas de gravedad variable en los pacientes que da lugar a una gran dificultad a la hora de ajustar los tratamientos adecuados para cada uno. El diagnóstico temprano que permita un mejor manejo del tratamiento antiepiléptico y de una intervención cognitiva más temprana y estudios de historia natural que permitan conocer mejor la trayectoria de la enfermedad en los pacientes, son actualmente algunos de los frentes de investigación en este aspecto.

Para ambas enfermedades es crucial disponer de herramientas de análisis que permitan no solo diagnósticos tempranos y certeros, sino un seguimiento y pronóstico de los síntomas que se ajuste a las particularidades de cada paciente. La línea de investigación en epilepsia que se está desarrollando INCLIVA-UV, explica el Dr. Romá: “es el resultado de aunar la experiencia acumulada a nivel del estudio de las bases moleculares de una epilepsia de baja prevalencia y complejo trasfondo genético, con los hallazgos más recientes acerca del valor de moléculas circulantes tipo microARN o citoquinas proinflamatorias como biomarcadores capaces de hacer un seguimiento preciso tanto de la progresión de las enfermedades como de la eficiencia de los tratamientos”.

A partir del análisis de las vías moleculares implicadas en regular el estrés oxidativo celular, el Grupo de Investigación en Fisiopatología celular y orgánica del estrés oxidativo de INCLIVA-UV ha ido profundizado, durante los últimos años, en las relaciones existentes entre dichas rutas y la fisiopatología de multitud de enfermedades minoritarias, debidas a defectos genéticos que dan lugar a alteraciones en el funcionamiento celular.

En el desarrollo de estas investigaciones se ha descubierto que muchas de las moléculas implicadas en estos defectos, a veces de manera indirecta, pueden usarse como una guía para comprender mejor tanto los síntomas como el avance de algunas enfermedades que empeoran progresivamente, como la epilepsia de Lafora. En la actualidad, se está comprobando que algunas moléculas muy relevantes en procesos inflamatorios tan dispares como los que dan lugar a distintos tipos de sepsis, también juegan un papel importante en la neuroinflamación característica de los ratones modelo de enfermedad de Lafora, por lo que se continúa investigando su posible valor como biomarcadores de la enfermedad en pacientes humanos.

Para desarrollar esta línea de investigación es clave la utilización de las plataformas de secuenciación de última generación adquiridas mediante fondos FEDER en el marco de la Alianza para la Investigación Traslacional en Enfermedades Raras de la Comunidad Valenciana coordinada por INCLIVA y alojadas en la Unidad Central de Investigación en Medicina de la UV. Actualmente la línea está financiada por un proyecto intramural CIBERER.

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